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Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH): lo que toda familia necesita saber

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es una de las condiciones del neurodesarrollo más estudiadas y, al mismo tiempo, más rodeadas de mitos y malentendidos. Muchas familias conviven con sus manifestaciones a diario —en la escuela, en casa y en las relaciones sociales— sin contar siempre con información clara y basada en la ciencia para comprender qué está ocurriendo.

Entender qué es realmente el TDAH, por qué aparece y cómo se manifiesta a lo largo del desarrollo no solo permite reducir la culpa y la confusión, sino que abre la puerta a intervenciones tempranas y apoyos eficaces. En las siguientes líneas, te invitamos a descubrir qué dice la investigación científica actual sobre el TDAH y por qué el conocimiento es una herramienta clave para acompañar mejor a niños, adolescentes y familias.

¿Qué es el TDAH?

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es una condición del neurodesarrollo que aparece en la infancia y puede continuar en la adolescencia y la adultez, caracterizada por dificultades persistentes de atención, hiperactividad y/o impulsividad que afectan la vida escolar, familiar y social del niño o adolescente (American Psychiatric Association, 2013; Wolraich et al., 2019).

El TDAH no es una falta de voluntad, mala crianza ni un problema de conducta aislado, sino una condición con base biológica que implica diferencias en el desarrollo y funcionamiento del cerebro, especialmente en áreas relacionadas con la autorregulación y el control de la atención (Arnsten, 2009; Shaw et al., 2007).

A nivel mundial, se estima que aproximadamente el 5% de los niños presentan TDAH, lo que lo convierte en uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes en la infancia (Polanczyk et al., 2007; Willcutt, 2012).

¿Cuáles son las causas del TDAH?

El TDAH tiene un origen multifactorial, lo que significa que no existe una única causa, sino la combinación de factores genéticos, neurobiológicos y ambientales (Faraone & Larsson, 2019).

Desde el punto de vista genético, los estudios en familias y gemelos muestran que el TDAH tiene una heredabilidad alta, cercana al 70–75%, lo que indica que la vulnerabilidad al trastorno se transmite en gran medida a través de los genes (Faraone & Larsson, 2019).

Las investigaciones genómicas modernas han demostrado que el TDAH es un trastorno poligénico, es decir, intervienen muchos genes diferentes, cada uno con un efecto pequeño, relacionados con el desarrollo cerebral y la regulación de neurotransmisores como la dopamina (Demontis et al., 2019; Demontis et al., 2023).

Además de la genética, algunos factores prenatales y perinatales —como la prematuridad, el bajo peso al nacer o la exposición a toxinas ambientales— se han asociado con mayor riesgo, aunque por sí solos no causan el trastorno (Banerjee et al., 2007; Thapar et al., 2013).

¿Qué ocurre en el cerebro de un niño con TDAH?

Los estudios en neuroimagen han demostrado que el TDAH se asocia a un desarrollo más lento de ciertas áreas del cerebro, especialmente la corteza prefrontal, responsable de funciones como la atención, la planificación y el control de impulsos (Shaw et al., 2007).

También se han identificado diferencias promedio en circuitos cerebrales que conectan la corteza frontal con estructuras profundas como los ganglios basales, involucrados en el control del movimiento, la motivación y la regulación de la conducta (Hoogman et al., 2017).

Estas diferencias no implican daño cerebral ni menor inteligencia, sino una forma distinta de maduración del sistema nervioso, que puede mejorar significativamente con apoyos adecuados y, en muchos casos, con el paso del tiempo (Rubia, 2018).

Síntomas más frecuentes del TDAH

En la infancia, los síntomas más comunes incluyen dificultad para mantener la atención, problemas para seguir instrucciones, olvidos frecuentes, inquietud motora excesiva, dificultad para permanecer sentado e impulsividad al hablar o actuar (American Psychiatric Association, 2013).

Durante la adolescencia, la hiperactividad suele disminuir, pero persisten dificultades en la organización, el manejo del tiempo, el control emocional y la planificación académica, lo que puede afectar el rendimiento escolar y la autoestima (Faraone et al., 2006).

En la adultez, el TDAH suele manifestarse como desorganización, problemas de concentración, impulsividad en la toma de decisiones e inquietud interna, más que como hiperactividad visible (Simon et al., 2009).

¿Cómo se diagnostica el TDAH?

El diagnóstico del TDAH es clínico, lo que significa que no se realiza mediante análisis de sangre ni estudios cerebrales, sino a través de una evaluación profesional cuidadosa (Wolraich et al., 2019).

Esta evaluación incluye entrevistas con los padres, el niño o adolescente y, cuando es posible, con docentes, además de la revisión del desarrollo, la historia escolar y el funcionamiento en distintos contextos (Wolraich et al., 2019).

Se utilizan cuestionarios estandarizados como las escalas de Conners o la ADHD Rating Scale para ayudar a medir la frecuencia e intensidad de los síntomas, siempre como apoyo al juicio clínico y no como único criterio diagnóstico (Conners, 2008; DuPaul et al., 1998).

La importancia de la detección temprana

Diversos estudios longitudinales muestran que algunas señales de inatención, impulsividad y dificultades de autorregulación pueden observarse desde la etapa preescolar y predecir dificultades posteriores compatibles con TDAH (Sonuga-Barke et al., 2003).

Detectar el TDAH de manera temprana permite implementar estrategias educativas, familiares y terapéuticas que reducen el impacto académico, social y emocional del trastorno a lo largo del desarrollo (Wolraich et al., 2019).

La intervención precoz no busca “etiquetar”, sino comprender mejor las necesidades del niño y brindarle herramientas para desarrollarse plenamente en su entorno familiar y escolar (Thapar et al., 2013).

Mensaje final para las familias

El TDAH no define a un niño ni a una familia, pero comprenderlo desde la ciencia permite dejar atrás mitos, culpas y estigmas, y avanzar hacia un acompañamiento respetuoso y efectivo (Faraone & Larsson, 2019).

Con un diagnóstico adecuado, apoyo terapéutico y colaboración entre familia, escuela y profesionales, los niños y adolescentes con TDAH pueden desarrollar todo su potencial y construir trayectorias de vida saludables y satisfactorias (Wolraich et al., 2019).

Tratamientos y soluciones que ofrecemos en CECIT

En CECIT trabajamos con un enfoque integral y con evidencia científica.

En el entorno familiar

  • Terapia psicológica
  • Estimulación cognitiva

En el entorno escolar

  • Apoyo psicopedagógico
  • Estrategias de aprendizaje adaptadas

Abordaje en adultos

  • Orientación psicológica y terapéutica
  • Entrenamiento en habilidades sociales, organización y manejo del tiempo

 

¿Cómo podemos ayudarte en CECIT?

Si notas en tu hijo o en ti mismo síntomas como falta de concentración, impulsividad o hiperactividad que interfieren en la vida diaria, en CECIT realizamos:

  1. Primera evaluación personalizada
  2. Plan de tratamiento integral adaptado a cada caso
  3. Acompañamiento a familias, escuelas y adultos con TDAH

 “El TDAH es un desafío, sí, pero también una oportunidad. Con la orientación y tratamiento adecuados, las personas con TDAH pueden desarrollar al máximo sus fortalezas y capacidades”.

Referencias bibliográficas de estudio

American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). APA Publishing.

Arnsten, A. F. T. (2009). The emerging neurobiology of attention deficit hyperactivity disorder: The key role of the prefrontal association cortex. Journal of Pediatrics, 154(5), I–S43.

Banerjee, T. D., Middleton, F., & Faraone, S. V. (2007). Environmental risk factors for attention-deficit hyperactivity disorder. Acta Paediatrica, 96(9), 1269–1274.

Conners, C. K. (2008). Conners 3rd Edition Manual. Multi-Health Systems.

Demontis, D., Walters, R. K., Martin, J., et al. (2019). Discovery of the first genome-wide significant risk loci for attention deficit/hyperactivity disorder. Nature Genetics, 51(1), 63–75.

Demontis, D., Walters, G. B., Athanasiadis, G., et al. (2023). Genome-wide analyses of ADHD identify 27 risk loci and refine the genetic architecture. Nature Genetics, 55, 198–208.

DuPaul, G. J., Power, T. J., Anastopoulos, A. D., & Reid, R. (1998). ADHD Rating Scale-IV. Guilford Press.

Faraone, S. V., Biederman, J., & Mick, E. (2006). The age-dependent decline of ADHD: A meta-analysis. Psychological Medicine, 36(2), 159–165.

Faraone, S. V., & Larsson, H. (2019). Genetics of attention deficit hyperactivity disorder. Molecular Psychiatry, 24(4), 562–575.

Hoogman, M., Bralten, J., Hibar, D. P., et al. (2017). Subcortical brain volume differences in ADHD. The Lancet Psychiatry, 4(4), 310–319.

Polanczyk, G., de Lima, M. S., Horta, B. L., Biederman, J., & Rohde, L. A. (2007). Worldwide prevalence of ADHD. American Journal of Psychiatry, 164(6), 942–948.

Rubia, K. (2018). Cognitive neuroscience of ADHD. Frontiers in Human Neuroscience, 12, 100.

Shaw, P., Eckstrand, K., Sharp, W., et al. (2007). ADHD and delay in cortical maturation. Proceedings of the National Academy of Sciences, 104(49), 19649–19654.

Simon, V., Czobor, P., Bálint, S., et al. (2009). Adult ADHD prevalence. The British Journal of Psychiatry, 194(3), 204–211.

Sonuga-Barke, E. J. S., et al. (2003). Early predictors of ADHD. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 44(7), 1025–1036.

Thapar, A., Cooper, M., Eyre, O., & Langley, K. (2013). What causes ADHD? The Lancet Psychiatry, 1(1), 65–75.

Wolraich, M. L., Hagan, J. F., Allan, C., et al. (2019). Clinical practice guideline for ADHD. Pediatrics, 144(4), e20192528.

Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

por | Ene 19, 2026 | Psicología Infantil

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